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El templo egipcio.-
El templo de culto egipcio tiene varias formas pero la más común es aquél que tiene planta longitudinal como aparece en el tradicional ejemplo de Khonsu en el recinto del Gran templo de Amón en Luxor.
Las partes del templo están dispuestas una detrás de otra, alineadas y la puerta principal y, con frecuencia, única se encuentra en la entrada del principio. Sus partes son: avenida de las esfinges, pilonos, patio hípetro (de piedra), sala hipóstila (de columnas), cámara de la barca y santuario como nos las explican Drioton y Vandrier : "El patio se hallaba precedido por dos pilonos, masas trapezoidales muy elevadas que encerraban innumerables pisos de habitaciones y en la fachada de los mismos se insertaban en ranuras mástiles más altos aún en cuyo extremo flameaban las banderolas. Una puerta gigantesca con moldura egipcia que ofrecía una representación del disco solar alado unía los dos pilonos y daba acceso al patio. Este, rodeado por columnas por lo menos sobre los costados laterales era la parte pública del templo: en sus bajorrelieves no se revelaba ningún misterio divino sino que se representaban grandes empresas del rey que había consagrado el edificio o, en su defecto, escenas de adoración e imágenes de ceremonias que se desenvolvían en público. En este patio se encontraba a menudo un altar destinado a sacrificios. Al fondo, corrientemente sobre una plataforma en el Imperio Nuevo y a nivel del suelo en la época ptolemaica, se abría la sala hipóstila sobre todo el largo del patio, precedida o no por un vestíbulo. Se trataba de un recinto sostenido por columnas en cantidad y dimensiones muy variables que era como el salón de recepción del dios. Sus bajorrelieves representaban las ceremonias sagradas que allí se cumplían. Impenetrable a las miradas provenientes del patio, pero iluminado por la luz que inundaba el vestíbulo se encontraba alumbrado aun en los momentos de sol débil. Más allá unas puertas introducían en los departamentos del dios sumergidos en la oscuridad. En primer lugar se encontraba la cámara en donde la barca sagrada, apoyada sobre un soporte, estaba a disposición del dios para sus procesiones. Luego, en la parte más profunda, se llegaba al santuario mismo, sala en cuyo fondo, en una nave o tabernáculo monolítico reposaba el Ídolo esculpido. Generalmente éste era una estatuilla de madera bastante liviana para poder ser transportada y manejada fácilmente, según las exigencias de la liturgia. Capillas o gabinetes de depósito rodeaban a menudo la cámara de la barca sagrada. En la espesura del muro se disimulaban escondrijos para los tesoros. Todas estas piezas estaban decoradas con bajorrelieves que reproducían lo que ellas contenían o los ritos que en ellas se celebraban." (Drioton y Vandrier.- Historia de Egipto. EUDEBA. Buenos Aires 1981. Págs. 74-75)
Una de las ceremonias religiosas del antiguo Egipto era la procesión que se hacía a los templos para trasladar a ellos a sus dioses o agasajarlos en fechas destacadas.
El cortejo que se dirigía al templo se componía del Faraón, si éste estaba en esa ciudad, los sacerdotes, familiares del Faraón, otros hombre libres y los esclavos que llevaban los objetos o músicos,... debemos imaginarnos este cortejo recorriendo la avenida de las esfinges hasta llegar a los pilonos, lugar donde se detenía para entrar en el recinto interior únicamente los hombres libres.
Al entrar en el patio la mayor parte de los asistentes se refugiaba entre las columnas de los rigores del tiempo y sólo el Faraón, los sacerdotes y la familia del Faraón tenía acceso a la sala hipóstila. Esta sala se encontraba en penumbra ya que únicamente recibía luz por la puerta de entrada; más oscura se encontraba la sala de la barca a la que llegaba escasa luz procedente de la sala hipóstila. A esta sala acceden los sacerdotes o el faraón por la proximidad con el dios pero a la habitación propia del dios, el santuario, no entran más que el sumo sacerdote y el faraón si estuviera. Esta última habitación estaría completamente oscura si no fuera por unas aperturas practicadas en el techo ya que las paredes del templo no tienen ventanas al exterior
La ceremonia religiosa más importante relacionada con el templo en el antiguo Egipto era la procesión que se hacía para trasladar a él a sus dioses o agasajarlos en fechas destacadas.
El cortejo que se dirigía al templo se componía del Faraón, si éste estaba en esa ciudad, los sacerdotes, familiares del Faraón, otros hombre libres y los esclavos que llevaban los objetos rituales o músicos,... Debemos imaginarnos este cortejo recorriendo la avenida de las esfinges hasta llegar a los pilonos, lugar donde se detenía para entrar en el recinto interior únicamente los hombres libres.
Al entrar en el patio la mayor parte de los asistentes se refugiaba entre las columnas del calor y sólo el Faraón, los sacerdotes y la familia del Faraón tenía acceso a la sala hipóstila. A la cámara de la barca únicamente acceden los sacerdotes o el faraón por la proximidad con el dios pero a la habitación propia del dios, el santuario, no entran más que el sumo sacerdote y el faraón si estuviera.
La altura de los elementos que constituyen el templo va en disminución creciente desde la entrada hasta el santuario. Los pilonos tienen una altura considerable de forma que cuando alguien se acerca la presencia de éstos le impide ver el interior del templo y parecen más la muralla de una fortaleza que una simple entrada. El patio de piedra tiene una altura inferior a los pilonos y queda oculto detrás de él. La sala hipóstila tiene una entrada con algunos peldaños y a la vez es de menor altura que el patio que la precede. También hay que subir algún peldaño para acceder a la cámara de la barca que, igualmente, es algo menos alta que la sala anterior. Finalmente el santuario tiene el techo a una altura inferior que el de la cámara de la barca. De esta forma se observa que el conjunto tiene una forma de "embudo" pues va aumentando el nivel del suelo a la vez que disminuye la altura del techo.
La iluminación del templo es decreciente a medida que se accede a las partes interiores: la avenida de las esfinges es un paseo descubierto; el interior del patio tiene un pórtico alrededor pero en su parte central está abierto al cielo y tiene buena iluminación; la sala hipóstila recibe solamente luz por la puerta de acceso desde el patio y queda, por tanto en penumbra; más oscura se encontraba la sala de la barca a la que llegaba escasa luz procedente únicamente de la sala hipóstila. La última habitación, el santuario, estaría completamente oscura si no fuera por unas aperturas practicadas en el techo (lucernarios) ya que las paredes del templo no tienen ventanas al exterior.
Como se observa en la disposición, altura e iluminación de las distintas salas, y en el acceso de personas a ellas hay una clara idea de restricción para conseguir la intimidad y el respeto necesarios en la residencia del dios. Ciertamente, las salas alineadas, la disminución de la altura, la disminución en la iluminación y la restricción de acceso progresivo a las personas están acordes con la idea del templo como residencia del dios.
El santuario era el final del recorrido, el lugar más recóndito y oscuro, la sala de menor altura y a la que podían llegar menos personas. De hecho no suele haber más acceso al templo que la entrada que se encuentra entre ambos pilonos y la gente corriente no conocía la distribución y las partes del interior por lo que se encontraba más cerca del dios una persona que estuviese situada en la entrada que en la parte trasera, justo detrás del santuario.
Elaboración propia.