(Documentos en
WORD 7.0
comprimidos en ZIP.)
El cortijo andaluz y sus variantes
El cortijo andaluz es un conjunto de edificios, aislados en el campo y dedicados a una explotación agraria. La palabra cortijo procede del latín cohorticula, diminutivo de cohors, patio, corral, e indica que estos edificios están construidos en torno a un patio.
Ofrece tantas variantes como diferentes sean los tipos de explotación agrícola (cerealista, olivarera, de viñedos, de secano o regadío, etc.) o ganadera y también en función del clima (duro o suave). Su importancia es pareja a la extensión de la propiedad: en las vegas y en las regiones quebradas de Málaga, Granada y Almería, donde la propiedad esta mas repartida, los cortijos son menores que en las grandes extensiones cerealistas de Jaén y Córdoba.
En los mas complejos, además de la vivienda destinada al propietario, se construyen otras para encargados, capataces, aperadores, caseros, guardas, braceros, gañanes, boyeros, etc. otro tanto ocurre con los restantes edificios. En zonas de propiedad muy dividida suelen constar de una simple cuadra, un esta lo, algún granero y un cobertizo para maquinaria auxiliar. En cambio, la gran explotación requiere varios patios diferentes: para viviendas; tractores y maquinaria. trujales con almazara (molino de aceite) y tinajeros; silos para el almacenado de piensos y forrajes; pajares y almacenes de heno empacado; lagares y bodegas; establos y boyeras, etcétera, y, en muchos casos, hasta algún tentadero de reses bravas. Todo dispuesto ordenadamente, de acuerdo con un funcionalismo decantado de experiencias seculares.
En el siglo XVIII tuvieron su apogeo los mayores cortijos andaluces. Al cortijo se entra por un gran portón con portalada cubierta a dos o cuatro aguas y rematada con una veleta o una cruz; sobre el arco o dintel se encuadra algún nicho con imagen o escudo. Los diferentes patios están comunicados también por portones, cancelas o cierres bajos. que producen juegos de luz y sombra y crean perspectivas muy gratas con los fondos de los pórticos, naves y cobertizos; sobre esta arquitectura destaca algún torreón o atalaya (mira), desde donde se divisa gran parte de la propiedad.
Desde el exterior se ve el cortijo como un conjunto cerrado, formando una gran mancha blanca, simple o compleja, que contrasta y armoniza con el verde plata de los olivares, el menos intenso de las chumberas de los vallados o el claro y jugoso de la campiña.
Los muros se hacen de piedra, ladrillo o adobe y tienen un espesor de unos 50 cm, que asegura una agradable temperatura en los días caniculares. Los pavimentos son de guijarros o de baldosas o ladrillos de barro cocido. Las cubiertas con estructura de madera son elementales, salvo en las grandes naves, donde se emplean armaduras de tipo latino con pares, tirantes, pendolón y diagonales de gruesas escuadrías. La teja es siempre árabe y los aleros, de escasos vuelos. Completan el ambiente de los patios del cortijo los emparrados, los poyos o asientos de fábrica con respaldo de azulejos, fuentes, pozos y abrevaderos.
VV.AA. Los pueblos más bellos de España.
Ed. Selecciones de Readers Digest. 1983. (Agotado)